I. Manoel Monteiro o Una Familia de 800

No me alcanzaban los sentidos para absorber la experiencia estar bajando por el Río Amazonas en ése contexto, entonces la vara se corrió. Dejé de ser un polizón, un viajero-espectador para descubrir lo que era: parte de una comunidad hermosa, desprolija y caótica en un navío-hogar. Todo, entonces, se volvió muy natural; la mañanas, los mediodías y las noches. Las campanadas a las 5 de la mañana indicando el desayuno

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