Puyo Pungo, la odisea

Así fue como llegué a Indichuri. Di con la casa de un chamán y la familia del chaman. Les pedí alquilar un cuarto y me dieron una cabaña en el medio de los arboles enfrente del rio. Efectivamente el techo era de paja y las maderas no alcanzaban a completar las paredes, uno dormía casi a la intemperie protegido por un tul que enroscado en la cama, oficiaba de mosquitero. Pero el agua no entraba cuando llovía. No había luz, solo unos mecheros con bencina o alcohol que tiraban un humo espantoso.

Leer Artículo →