Navegando el río Amazonas en barcos cargueros

Navegué el río amazonas desde la triple frontera entre Perú, Brasil y Colombia hasta su desembocadura. Demoré ocho noches y nueve días en bajar 2.807 kilómetros. Viajé en tres barcos cargueros distintos, durmiendo en una hamaca que colgué de las vigas de los barcos que sostenían las hamacas de las otras miles de personas.

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Cartagena de Indias

Estos son retazos, recortes, fragmentos. Cartagena y yo nos encontramos de una manera que no puedo traducir en un relato cronológico y lineal. Los relatos cronológicos y lineales solo me son posibles cuando tengo la situación que narro bajo control. Y Cartagena se me escapa. Los días entre sus murallas fueron una luna de miel misteriosa, en la que además de descansar y amar descontroladamente, me repregunté muchas cosas sobre mi existencia, especialmente sobre mis pasiones, sobre quién soy en las pasiones que tengo me tienen. Cómo sobrevivo y me dejo sobrevivir. Cartagena me viajó a mí, de negarlo mentiría. Entonces decidí compartir unos relatos –los más descriptivos, los más aproximados- del cuaderno de papel para que al blog no le siga creciendo el pasto mientras yo me pierdo en las deliciosas demandas del bello accidente del amor.

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La Isla del Sol

La Isla del sol está llena de magia, no solo por estar rodeada del imponente y azulísimo Lago Titicaca, ni por sus casitas de piedra y barro con jardines repletos de coloridas flores, ni por los animales que andan sueltos por ahí (burros, gallinas, puerquitos, perros, gatos), ni por la gente vestida con ropa tradicional que se pasea desplegando belleza por doquier, tampoco por las montañas que se ven lago a través de picos nevados, ni por su estructura rocosa con remansos verdes, ni por sus hermosas playas o sus bellos senderos.

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I. Manoel Monteiro o Una Familia de 800

No me alcanzaban los sentidos para absorber la experiencia estar bajando por el Río Amazonas en ése contexto, entonces la vara se corrió. Dejé de ser un polizón, un viajero-espectador para descubrir lo que era: parte de una comunidad hermosa, desprolija y caótica en un navío-hogar. Todo, entonces, se volvió muy natural; la mañanas, los mediodías y las noches. Las campanadas a las 5 de la mañana indicando el desayuno

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Una noche en la maloca de Don Gustavo Maukuna II

Hablamos un largo rato con don Gustavo, mambeamos coca (en ésta región del amazonas, las hojas de coca se muelen hasta ser transformadas en un polvo espeso, que luego se introduce en gran cantidad en la boca con la ayuda de una pequeña cuchara), don Gustavo nos sopló tabaco en la nariz con un instrumento cuidadosamente armado mezcla de un hueso hueco de un animal y un caracol.

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Una noche en la maloca de Don Gustavo Makuna I

El camino fue más largo que el otro día porque nosotros íbamos más lento. El río continuó desbordado todos ésos días por lo que el suelo estaba resbaloso, especialmente en ésas partes en las que el suelo es de greda.
Llegamos con el cielo de color fuego, en los últimos instantes de luz y logramos distinguir a través de las maderas que dentro de la Maloka del abuelito había una fogata encendida

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Barichara, ficciones

Yo vine a llegar casi cuatrocientos años despúes. Retraté, porque en mi época (una mucho posterior a la de los daguerrotipos) existían los medios. Y pegué los retratos en ésta historia, historia que supe -o inventé- después de caminar las calles adoquinadas, leer un par de placas solemnes en los monumentos y escuchar hablar por ahí del campesino, de la Virgen, del español y la fundación del su pueblo.

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Machu Picchu I: la travesía de bajo presupuesto

Para llegar a Aguas Calientes, el pueblo que está debajo del Machu Picchu, desde Ollantaytambo tenés dos opciones: podes comprar un tíket en tren que vale 190 soles por una hora de viaje o podés viajar en bus hasta Santa Maria (30 soles), luego tomar un remis compartido hasta Santa Teresa (15 soles). Recomiendo hacer noche en Santa Teresa y visitar las aguas termales, son alucinantes. Y por ultimo tomar otro remis compartido hasta la central Hidroeléctrica (10 soles) y desde ahí caminar 3 horas al costado de las vías del tren hasta Aguas Calientes.

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El mundo, de la mano de mi papá

Mi papá me subió desde muy chiquita a su velero, me llevó a navegar por acá y por allá. Me enseñó a manejar el timón guiándome por un punto fijo en el infinito. Llegábamos a otros lugares espantando gaviotas. Dándole una o dos vueltas a las tomas de agua a unos kilómetros de las costas del Río de la Plata. Lo que más me gustaba era salir a caminar con él por las nuevas ciudades. Aprender a pasar del barco a tierra firme sin caerme en el río.

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