El Impenetrable

Eran las cinco de la mañana y yo dormía pegada a una ventana de mosquitero en El Impenetrable, soñaba algo. El aire era fresco y los sonidos  formaban melodías parecidas a las nocturnas selva afuera en amazonas. Marcel entró despacio a la casa rodante, tocó mi pie y susurró mi nombre con la intención de no despertar a lxs otrxs tres. Me levanté con esfuerzo, aún de noche y me vestí a ciegas. Salí de la casa rodante, apoyé mis cosas en una mesa junto al fogón que M intentaba reanimar sin exito. Humareda entre nosotros, amagué a  ponerme desodorante y M se dio vuelta tajante: “No. Ni desodorante, ni cremas; se espantan los animales.”

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Guardé el desodorante  y nos dispusimos a preparar las cámaras. Marcel es el productor local,  un realizador-fotógrafo-gestor cultural apasionado y talentoso. Salimos en silencio, él iba adelante yo  atrás, siguiéndole los pasos, mientras pensaba  que mi campera al ser sintética era demasiado bulliciosa.

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Fuimos a la entrada del parque, nos detuvimos  sobre un puente que cruza el primer cuerpo de agua  y escuchamos cómo las Charatas se gritan de bandada a otra para despertarse. Nos quedamos un rato y ya amaneciendo decidimos ir más adentro, en búsuqueda de otros animales.

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Nuestra jornada de rodaje comenzaba a las 8. Teníamos una hora y diez. Anduvimos un rato  cuando descubrimos que a lo lejos, algo de forma extraña, petrificado y erguido, nos miraba. No estábamos seguros de si era un tronco, o un animal. Nos quedamos quietos también, imitándole. De pronto la sombra movió su cabeza. “Un Guazuncho!” exclamó M. Sacó su cámara y lo fotografió. Cuando el animal se escondió nos acercamos pero ya no pudimos encontrarlo. Encontramos, en cambio, otro al regresar. Nos metimos entre las ramas  para observarlo más cerca. El comía y nos miraba, no se sentía amenazado. Cosa rara, pues son animales muy astutos y discretos que escapan en general de las personas, por eso son tan difíciles de ver. Estuvimos largo rato a unos metros de él. Pudimos sacarle fotos y observar muy cerquita sus movimientos graciosos, su mirada intensa. Marcel no paraba de sacar fotos y yo lo acompañaba con mi lente 50 mm… lo retraté a lo lejos, repitiendo incansablemente “te amo, te amo, te amo”.  La locura de estar tan cerca de tanta belleza. M comprendía y se reía, compartiendo el entusiasmo.

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Ya en el fogón, que se había reanimado durante nuestra ausencia por las ramas que Marcel había colocado,  los guardaparques mate en mano y pan casero al fuego conversaban cotidianos. Cuando el resto del equipo despertó, desayunamos revisando el plan de rodaje del día y un rato después arrancamos Parque Nacional adentro.

El Impenetrable es una gigantezca reserva de biodiversidad con una muestra representativa de todos los tipos de bosques, sabanas, pastizales y humedales de este interfluvio donde conviven especies en extinción como yaguaretés, osos hormigueros y tapires. El parque cubre un área que pertenecía a la estancia La Fidelidad, comprendida entre el río Bermejo y el Bermejito. Fue convertido en Parque Nacional gracias a una intensa lucha ya que anteriormente era uno de los lugares predilectos para la cacería ilegal. Vimos algunas botellas entre los pastizales: “son los restos de los cazadores”, nos decía el guarda parques “hemos sacado ya conteiners completos de basura.”

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Hicimos caminatas, abrazamos un palo borracho de 270 años de edad, llegamos a la laguna, vimos yacarés y aves de diversas especies que intentamos grabar  camuflados, sigilosos, avanzando escondidos entre los árboles, intentando colocar la cámara y tirar toma  sin dispersarlos. Finalizamos la jornada con un time-lapse en la laguna. Mientras esperamos la luz final del día, M fue a fotgrafiar otras aves, yo me quedé sentada frente a la laguna meditando, y el resto del equipo conversando detrás sobre cuestiones del rodaje.

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Ya casi de noche, de regreso a la camioneta la luna nos sorprendió enorme y  amarillenta. Pegué un grito de entusiasmo, que a muchos les pareció excesivo, creyendo que había visto un animal que nos podría en peligro.

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Regresamos a Miraflores. Sentí una gratitud inmensa  para con la tierra, los animales, las increíbles personas. Me fui con el recuerdo   de Zulma, que vive a las afueras del Parque y  al ver por primera vez el río Bermejo saltó de alegría y se puso a reír.  El guardaparques que cada vez que veía un movimiento distinto, frenaba la camioneta para  ver qué sucedía, manifestando verdadero interés y amor por la fauna del lugar. Enorme el trabajo de recuperación de esta tierra, de protección a  la flora y fauna atóctona. El Impenetrable, asombroso. IMG_0514.

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