Amazonas, el inicio

30 de noviembre de 2015

20

Estoy a punto de aterrizar, todo el vuelo, desde Bogotá a  Leticia lo transité en un estado de somnolencia pesada, un descanso aplastante que sujetó mi cuerpo y mis párpados, por más que mi voluntad  cantara “ey, estás a una hora de llegar a la selva, despertá”, no podía soltar.  Esta vez no había tenido tiempo de investigar nada acerca de mi destino (como si semejante cosa pudiera hacerse), no había investigado siquiera si éste lugar en la selva amazónica al que estaba a punto de llegar era un pueblo o una ciudad. Si había muchos o pocos hospedajes. Si llovía en ésta época. Lo único que sabía es que se trata de un lugar en la triple frontera selvática entre Brasil, Colombia y Perú.

IMG_9360[1]

Cosas varias sucedieron en Bogotá para que no tuviera tiempo, cosas varias deliciosas casi todas: mucho teatro, el desmontaje de El  Silencio, una obra de Teatro Clandestino que escribí y dirigí y que montamos en mi departamento. Una rumba con mucha salsa entre amigos. La devolución de todas las cosas prestadas para la obra (fueron muchas). La venta de todos mis muebles y bicicleta, la entrega del departamento.  La despedida. Nunca son fáciles las despedidas. Menos si uno tuvo la bendición y la alegría de hacer amistades con seres como Felo, Mica, Marco,  de conocer a Hilder, de haber convertido una amistad en hermandad incondicional, con mi querido Juanjo. Nunca son fáciles las despedidas.

21

Estoy a punto de aterrizar en Leticia y me despierto de repente. Miro por la ventana, mi corazón empieza  a palpitar fuerte. Muy fuerte. Dimensiono El Lugar al que estoy llegando. Toda ésa fuerza verde junta, delineada por algunos ríos. Árboles altísimos uno junto al otro, uno junto al otro, diversidad de verdes. El avión empieza a bajar. Cada vez más taquicardia. Los minutos entre el aún no desabroche si cinturón y la salida de la nave son eternos. Quiero salir corriendo, mirar, oler el aire.  A penas salgo del avión el calor de Leticia me da la bienvenida. Sol. Ruido de pájaros. El aeropuerto parece un aula de colegio con un montón de gente atiborrada, cajas, maletas. Antropólogos, técnicos varios, tres  turistas y yo hacemos la fila para pagar el impuesto de ingreso a Leticia. Los locales pasan por el costado. Un ventilador nos da sosiego desde  el techo.

26

Salgo caminando del aeropuerto unos 15 minutos después de haber aterrizado. Me doy cuenta por los taxis estacionados afuera que Leticia es una ciudad, me subo a uno, le pido que me lleve a algún hostal.

10

26

Desde muy chiquita había querido viajar a éste lugar. Estudiaba la selva amazónica en libros, la miraba en documentales. Una vez salió un concurso para que 20 niños de todo el mundo la vinieran a conocer, yo tenía 10 años, mande 37 cartas. Esto es una deuda pendiente con mi niña que se comienza a saldar.

2

Siento un clima alegre en el aire. Encuentro un  hostal hermoso, con un jardín grande  lleno de palmas y loros. Sobre el paredón blanco que cerca el patio duermen mariposas negras de 20 centímetros. Las mariposas negras son mi símbolo de la suerte. La casa es de madera, mi cuarto es pequeño. Me recuerda a la casa de la abuela Relinde, en el sur de Brasil.

12

8

Siento euforia. Como si quisiera salir corriendo de mi cuerpo y dar unas cuantas vueltas antes de volver. Dejo las cosas apoyadas en la cama, así nomás, me voy a caminar.  Sudo. Llamo a mamá para decirle que estoy bien, que la selva es amable, es segura, es hermosa. Miles de loros gritando de fondo, no me dejan escuchar.

IMG_9361[1].JPG

No pasa media hora. Conozco a Leo, un chico un tanto más joven que yo, le pedí una indicación se ofreció a llevarme a conocer.  Paseamos en su moto, yo decido alquilar una. Se puede ir a muchos sitios: como a nadar al río Tacana, a comer un acaí a Brasil (acá en la selva , no hay tal frontera… uno pasa de Colombia a Brasil como de la casa a la vereda, no se presentan papeles, nada… nada)

9

Es la abundancia y el peligro. Los ciclos de vida y muerte que parecieran ser más intensos que en otros lugares.

El río amazonas avanza con fuerza. El atardecer desde esa curva que pega en el lado de Brasil es una magia.  Vivo las primeras horas en ciclos que van desde la euforia al adormecimiento constantes. “Es el calor” me dicen los locales. Debe ser eso, el calor.

 

Traigo una idea de una película bajo el brazo, no sé cómo la voy a realizar… con qué personas. Pienso bastante en ello. Trato de calmar la ansiedad.

11

Éste es un viaje diferente. Empieza en el corazón abrazador de la naturaleza.  Empieza con un punto de partida pendiente desde que tengo memoria. Empieza  regresando, empieza  el viaje a la  tierra de mi mamá, mis raíces. Empieza con un gran amor.

18

Anuncios

2 Respuestas a “Amazonas, el inicio

  1. Querida y amada hija!! Que lindo volver a leerte!!! Herm9so relato!!! Estaré esperándote como siempre…y vibrando junto a tus emociones!!! Tus vivencias!!! Tan bellas y puras!!! Tan hermosos! !!

  2. Minha querida Emilia, mais uma vez voce esta nos brindando com uma nova aventura e desta vez pela a Amazonia que é um lugar de rara beleza e mistérios. Não sei por quanto será essa nova jornada, mas podes ter certeza que vou te acompanhar, lendo as postagens que voce for colocando. Desde já desejo boa sorte e que Deus te proteja e de saude para venceres mais essa etapa da tua vida. Beijo carinhoso deste amigo do Brasil (Floripa – Jurere ) Cesar Monteiro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s