El viaje que parió otro viaje (o carta atrasada de fin de año)

Faltaban un par de horas para año nuevo.  Acá, en el país más al sur del continente, el año nuevo comienza dos horas antes que el de más al norte y me resulta raro. Sentía que entre las doce de acá y las doce de allá iba a tener un lapsus de no-tiempo mágico, en el que me iba a poner a pensar en todos los balances y aspiraciones de los dos ciclos.

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Desde que tengo once años guardo una cajita redonda de madera, forrada por dentro con una tela roja. En un papel, cada 31 de diciembre escribo aspiraciones, deseos, cosas que mejorar sobre mi persona y mi vida y lo doblo en muchas partes (la cajita es muy pequeña) y lo guardo en ella hasta el año siguiente.

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El 31 de diciembre del 2013, entonces,  guardé en la cajita de madera un papel  con un árbol dibujado que tenía   sus raíces y ramas interconectadas. A las doce brindé, fui a mirar los fuegos artificiales y a las tres de la mañana del primero de enero de 2014 me fui a mi habitación a preparar la mochila: a las 9 de la mañana de ese mismo día, desde la terminal de retiro salía el bus que me iba a llevar al norte de Argentina. El primer bus de los tantos que tomaría hasta lograr atravesar el continente.

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“En tres meses vuelvo” le dije a mi papá antes de subir al bus. Ésa fue la primer gran certidumbre fallida del año. Pasé todo el 2014 viajando. Y, por culpa de eso, cada día del 2014 fue diferente del otro. Conocí lugares increíbles y personas hermosas. Tuve la oportunidad de transformarme. Tuve la oportunidad de no tener pasado (al llegar a lugares nuevos constantemente, la gente con la que me vinculaba  no tiene un molde prefabricado para categorizarme). Cuánta libertad hay en eso. Que regalo sagrado. Viví en el desierto, en la montaña, en la costa, en la selva. En cada lugar hice amigos. De cada lugar aprendí algo.

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Vi lo que es conocerse, amarse y despedirse. Hubo lugares que al dejarlos me rompieron el corazón. Supe lo que es llorar sola, absolutamente sola, frente a un mar desconocido. Supe lo que es ser hija de familias diversas que me acogieron. Encontré verdaderos hermanos caminando.  Aprendí a confiar cada vez más en la brújula ésa interna que lo guía a uno.  Sentí por momentos que mi dicha era tanta que no podía quedar  solo en mí, que necesariamente era la dicha de todos a un tiempo.  Me encontré con gente que estoy segura, ya conocía de antes. Fui feliz.

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En fin, Latinoamérica. Latinoamérica me pasó este año… y más que me pasó: me cambio la vida. Me dio el empuje que quízas me faltaba para entender y concretar asuntos pendientes. Me dio fuerza.

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El 2014, teminó para mi de manera tan inesperada como comenzó. Llegué a Buenos Aires a las 00:30 horas del 31 de diciembre. Mi amigo Mariano me fue a buscar al aeropuerto, me dio la bienvenida a Buenos Aires. Fuimos a su casa, hablamos de Bolivia mientras tomamos vino y cenamos un risotto delicioso que preparó. Escuchamos música y a las 4 de la mañana me quedé completamente dormida en su sillón. A las 8:15 salía un bus desde Retiro que me llevaría  a Pinamar, dónde estaban mis papás que ni soñaban con brindar conmigo a media noche.  Mariano me llevó, me despidió. Seis horas después ya me había encontrado con mis papás. No nos  lo podíamos creer.

Yo me encontraba cerrando el año, de visita en mi país. De alguna manera extraña, ahora el viaje era éste: el de regreso.  Estoy de turista en Argentina. En un mes regreso a Colombia, a hacer hogar, teatro, amigos. A vivir la vida y el amor en la vida. El viaje no terminó jamás.

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Y me acuerdo de la frase de Saramago, que me regaló Tomás a principios del 2013:

“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.”

Yo la había puesto  en una de las columnas del blog antes de irme a atravesar el continente, sin entender su designio.

Vivo ahora el viaje que parió el otro viaje, entonces me doy cuenta que la vida entera es un viaje en sí, un rio inmenso, caudaloso,  potente. Que cada día estoy más dispuesta a dejarme llevar.

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Un profesor de teatro mío, que ha sido en realidad, un gran maestro, deseó unas horas antes de que terminara el 2014:

“Para iniciar el 2015 un deseo: Cuidensé de la necesidad de “normalidad”…”

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Y yo le agrego: Cuídense, de veras. Cuídense todo lo que puedan.  Porque hay magia detrás del velo de la normalidad. Hay una magia inconmensurable. Requiere que nos deshagamos del velo, que lo rasguemos, lo corrompamos. El mundo es variado, contradictorio, diverso: y en ésa diversidad reside toda su belleza. Sean ustedes mismos. Y acá les encargo tamaña tarea: saber quiénes son ustedes mismos. Que se diviertan entonces en el proceso de descubrirse y vivirse cada vez con mayor confianza.

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Arriésguense. Hagan lo que siempre quisieron hacer. Hablen con desconocidos. Inviten a su casa a algún extraño. Jueguen. Escriban, pinten, canten: aun si lo hacen mal. Cambien sus rutinas: hagan algo nuevo cada día.

Acéptense. Acepten a su vecino. Acepten a los lugares. Acepten todo. Descubrirán que es el regalo más hermoso que pueden hacerse. Recuperarán su fuerza. No hay nada tan condenable. Y cambiar lo que fuera desde la aceptación se vuele increíblemente más sencillo.

Amen. Amen con el cuerpo, con el corazón, con el alma. Amen completamente. Sálganse de sí. Vivan cada instante a la vez.  Estén presentes.

Que ¿por qué no? Sea la única duda ante sus sueños. Que cada uno desarrolle su talento. Que tengan confianza.

Cuando nos zambullimos, el río de la vida nos lleva a dónde tenemos que llegar. Siempre.

Nadie mejor que nosotros sabe qué tenemos que hacer para ser felices. Seamos honestos con nosotros mismos.

Que entendamos la red que somos. Que aprendamos que cuidar del otro significa cuidar de uno. Que podamos vernos en el otro y los otros.

Que nos parta al medio el 2015 con toda su verdad, cualquiera sea. Que lo vivamos.

Un fuertísimo abrazo para todos!

Gracias, siempre, por leer.

Emilia

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Una respuesta a “El viaje que parió otro viaje (o carta atrasada de fin de año)

  1. gracias por los deseos, hermosa tu columna como siempre.
    Te imagino escribiendo desde tu computadora o en un roñoso cuaderno siempre en lugares maravillosos, casi siempre acompañada de tu mate.
    un abrazo grande, un beso sentido.
    Seba.

    Pd: aun no conoce el país que esta mas al sur del continente, la dejo invitada.

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