Salento, el pueblo cafetero donde me quedé a vivir

DSC08681 (800x450) Vivo hace cuatro meses en un pueblo digno del realismo mágico marqueciano. Es un pueblito ínfimo del eje cafetero colombiano. Parece mentira.  Está rodeado de montes verdísimos y la plaza principal pareciera estar montada cerca del cielo. Las calles suben o bajan en Salento. Hombres a caballo vestidos con ponchos y sombreros andan por ahí.  Se toma aguardiente en las cantinas a las tres de la tarde, se baila vallenato, salsa y merengue.  Aquí crece la palma de cera,  ejemplar único en el mundo: morada de un loro caprichoso, el Orejiamarilla, que sólo puede hacer  nido en su tronco.  Cuando llegué llovía más que en el diluvio universal y ver el sol diez segundos en el cielo era un verdadero milagro. Por las noches la neblina lo cubría todo, entonces las vacas parecían sombras en el campo y cuando un destello de luz impactaba en sus ojos se transformaban en los bichos más misteriosos que alguna vez vi. DSC08238 (800x443) DSC08367 (800x450) DSC08978 (800x450) DSC08356 (800x438) DSC08376 (800x450)  De a poco fue llegando el verano, el sol fue asomando, la lluvia cesando. Los ríos se limpiaron, nacieron mariposas y las vacas se convirtieron en animales normales. DSC09013 (800x450) DSC08430 (800x450) DSC08659 (800x441) DSC08315 (800x450) Y yo me fui  quedando. Los días pasaban y las semanas volaban cada vez a mayor velocidad. Me enamoré de las callecitas del pueblo, las fachadas coloridas. Me instalé en los miradores a observar ése paisaje estático de verdes montañas que caracteriza ésta zona: parecen cuadros sin movimiento interrumpidos esporádicamente por dos o tres pájaros que pasan, o un toro que decide avanzar, allá a lo lejos. DSC09206 (800x450) DSC09241 (800x450) Hice amistades, amistades hermosas. Una de las más valiosas para mí la entable con Don Yesid, un poeta de 73 años adorable. A mis otros amigos los conocí bailando, o mejor, aprendiendo a bailar bachata en la cantina del pueblo. Primero fue Pedro, bailamos en la calle un día y después seguimos bailando a diario durante un mes. Después fue Jaiderson, con quién bailé el día en que Pedro se enojó y decidió (de manera demasiado apasionada) que nada volvería a ser igual entre nosotros. A Carlos, un arquitecto costeño que trabaja en las afueras de Salento, lo conocí por casualidad en el primer hostal en el que me hospedé. Nos hicimos grandes amigos y cuando alquiló una casa para irse a vivir me invitó a mudarme también: me dio el cuarto que sobraba, me prestó su camioneta para ir por acá y por allá y me regañó cada vez que, durante la semana, llegué más tarde de la medianoche a la casa. Entonces descubrí que además de un gran amigo me había ganado otro papá. Diana escuchó incansablemente mis penas de amor por un joven que me enamoró y se me alejó con un discurso demasiado confuso para mí (que no podemos estar juntos, tú no sabes quién soy yo -me amenazaba-. Que nos tendríamos que ver a escondidas. No, no, no tengo mujer. Si me gustas. Pero no puedo.)  y me avisó cada vez lo vio por el pueblo. Casi siempre me decía “lo ví en tal lado, y estaba borracho.” Andrés, dueño de la heladería de helados de yogurt más deliciosos del mundo, invitó a mis 20 alumnos a tomar helados gratis y me regaló a diario helados que yo combinaba a mi gusto: frutillas, oreo, chocolate y dulce de leche. Jugamos al pool, nos reímos y ahora trabajamos juntos. Hace una semana estoy trabajando en Bonny Mix, me siento como WillyWonka en la fábrica de chocolate. yesid DSC08895 (450x800) Hacía más de una década que en mi vida no había nadie a quien pudiera llamar enemigo. Acá vinieron por añadidura. Para soportar la monotonía de la vida pueblerina algunas personas tienen que inventarse un enemigo o dos y así crear el infierno grande. Y tienen que amenazarlos, mandarles sicarios, abuchearlos por la calle, susurrar por lo bajo. Aparecer en el baile y patearlos o tirarle de los pelos sin piedad. Al parecer le quité el sueño a más de una mujer. Una, un día que veníamos a caballo desde Cocora (a 11 kilómetros de Salento), tiró su bestia sobre mi bestia (bestias le dicen a los caballos, a mí me resulta muy simpático) y me dijo que ella sabía que yo era la amante del marido. Yo me la quedé mirando y  le dije que averiguara mejor. Ella se fue trotando y tomando aguardiente por el camino. Para qué negarlo, hembras enfurecidas como ella, tienen su encanto. DSC08916 (450x800) DSC08559 (800x450) DSC09055 (800x480) Hace bastante tiempo estoy dando clases de teatro en la fundación Luz a Salento. Los chicos que vienen al taller son un encanto: verdadera alegría de vivir, creatividad y rebeldía (de ésa sana, imprescindible para el proceso creativo). Yo me voy feliz de cada clase, ansiando la siguiente. DSC09250 (450x800) Un amigo arriero me alquiló una casa en el campo por la mitad del precio que pedía originalmente. Tiene una vista hermosa a la montaña. A la noche se llena de luciérnagas el campo y en combinación con las estrellas, me siento viviendo fuera del planeta tierra. DSC08688 (800x450) DSC09262 (800x450)DSC09210 (800x437) DSC08990 (800x450) (2)La vida es muy agradable en el pueblo: trabajar, tomar un tinto (café negro) por acá o por allá, bajar al río, saludar a los vecinos. Todos están siempre de excelente humor, con sonrisas en los rostros.  Los hombres son unos eternos enamorados y regalan piropos a cuánta mujer ven pasar. Las mujeres son muy hermosas y andan siempre bien arregladas. Hay una jauría de perros en la plaza del pueblo, liderada por el Lobo (uno de mis mejores amigos).  Ya estoy próxima a dejar el pueblo. Pero sé que voy a volver a visitar siempre, porque Salento se transformó en un lugar en el mundo en el que me siento muy bien al hacer hogar.       DSC08485 (450x800)

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Una respuesta a “Salento, el pueblo cafetero donde me quedé a vivir

  1. Hola Emilia! Como estas? Me gustó mucho este post! Tus descripciones relamente hacen que uno se sienta allá (como cuando contás que la señora te “tiró la bestia encima” me sentí como una mosca que justo pasaba y observaba la situación jajaaja)..
    Me gusta mucho como escribís de una manera “fresca y natural”, simple, y alternando con fotos para reforzar la imaginación. Gracias por compartir tus viajes!!

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