Otavalo, la ciudad de artesanos quichuas

IMG_7832Él duerme a mi lado, como se nos hizo costumbre hace un mes.  Alquilamos dos cuartos ínfimos, que se reducen a  paredes de hormigón abrazando a una cama de metal, parecida a un catre. Las puertas se abren hacia adentro de las habitaciones con dificultad. Rozan y se traban con las puntas metálicas de los catres. Mi mochila es demasiado grande para mi habitación y la de él a pesar de ser más grande que la mía, entra en su cuarto con comodidad. Sebastián goza de las beatitudes del orden y la organización. Mi cucha es un caos. El medio metro cuadrado disponible de suelo está cubierto de bártulos disimiles y necesarios, la mesita de luz de al lado del catre sostiene libros, un peine, un cepillo de dientes que anda siempre hermanado a su pasta sin tapar, una botella de agua, un resto de vela, un paquete de yerba, un termo, un pañuelo de papel y una jabonera sobre la que está apoyada el mate. Hay un clavo en la pared que utilicé para colgar todas las capas de abrigo necesarias para salir a caminar por Otavalo.

IMG_7807 (800x600)

Dejamos las puertas abiertas porque así sentimos que nos acompañamos más. Yo entro a su habitación con libertad, busco mis pertenencias… el termo, la computadora  para escribir. Lo despierto cada vez. Él no se molesta, se incorpora con elegancia acomodando la almohada detrás de su espalda. Está enfermo, tiene un dolor de garganta que no se le quita hace un tercio de mes y un dedo del pie en lenta recuperación producto de un golpe una noche de cerveza en la amazonía ecuatoriana. Hace días que decide que el reposo es  la mejor opción y yo asiento cada vez. Pero ninguno de los dos  hace cumplir las decisiones, hasta hoy, parece.

Imagen

El otro día me acompañó, todo cubierto por camperas y bufandas, a pintarles la cara con colores y purpurinas  a niños que pudieran andar por la Ronda a las diez de la noche. Quito a esa hora es una ciudad especialmente fría y húmeda. Yo extendí la tela de colores en el suelo adoquinado a unos metros del arco, dónde no me molestarían los municipales, y me puse a sortear las dificultades que un bloqueo en mi tarjeta de crédito me había generado: no podía extraer dinero, la señorita argentina que atendió a mi reclamo telefónico me dijo que mi viaje se había extendido más de lo que les era capaz registrar (130 días) y que por ése motivo se había bloqueado, que esperara 3 días. De un impulso compré un montón de colores de pinturas faciales, dos pinceles, un algodón y una revista de diseños infantiles y monté un negocio.

Imagen

Practicando antes de entrar en acción 🙂

Sebastián no me quiso dejar sola en la hazaña por lo que durante una hora me acompañó.  El frío era tremendo, y los adoquines parecían destilar rocío. Fue una mala jugada para su salud, como se convenció una hora después, en el momento en  que decidió irse.

IMG_7794

Antes se reía mientras yo, pincel en mano, convencía a la niña que quería una mariposa en su rostro que se hiciera un corazón y a la otra que quería ser una princesa, que una flor le quedaría preciosa. Flores y corazones eran todo lo que sabía hacer. Mientras me demoraba en los pétalos de las flores, Sebastián se empeñaba especialmente con los varones: ¡píntense de Batman, del Hombre Araña… de Superman! Y se reía, Superman no tiene nada en la cara. Él quería verme pasar por el momento de inventar sobre el rostro de un niño a un Batman o un Spiderman y yo lo hubiera hecho, cómo no.

Imagen

Esta mañana no me quise despertar. Una señora intentó abrir mi puerta a las ocho de la mañana, girando sin éxito la perilla de la puerta que anoche por suerte no se me olvidó cerrar. Es una mamita peruana que viaja vendiendo tabaco y coca  y unos frutos secos  tallados por ella misma con unos diseños minuciosos. Parece ser que cada vez que viene a Otavalo duerme en mi habitación. Entredormida escuché los reclamos al dueño del hostal: pero ésa es mi habitación. Si señora pero no me avisó que vendría, por ahí la muchacha se va hoy. Es que a mí no me gusta usar la luz (eléctrica), en el otro cuarto no entro y no hay sol. Hace calor. Quiero mi ventana. Estoy preocupada.

Imagen

Yo voy a cederle el cuarto a la mamita. Después de todo conozco esa sensación: me pasó la tercera vez que llegué a Quito, cuando de noche entré al hotel Juana de Arco y un hombre estaba durmiendo hacía una semana en mi habitación. Además mañana por la mañana me voy para Colombia, sólo voy a usar el cuarto para dormir. Voy a hablar con ella después.  (Todavía no lo sé, pero la mamita peruana se llama igual que mi mamá y va a agradecerme con un abrazo enorme el gesto de la habitación y yo voy a sentir que todo el cambio merecía la pena).

Imagen

Otavalo resultó ser muy diferente a lo que imaginé. Unas cuarenta veces más grande, moderno y sofisticado del pueblo de artesanos quichuas que me había prefigurado. Las mujeres son hermosas, usan gargantillas de seis o siete hilos con cuentitas doradas y preciosos aros largos y brillantes. Las gargantillas responden a una vieja tradición “dicen que las  princesas quichuas usaban así antes, por eso lo usamos nosotros. Pero ellas las usaban de oro, de oro de verdad. Nosotras las usamos así pintaditas, o cubiertas en oro nomás.” Usan pollerones largos y rectos de color negro o azul marino, con camisas blancas bordadas con flores de todos los colores. Una faja tejida atada en la cintura y llevan  el pelo negrísimo  recogido con  una colita normal. Los hombres no tienen permitido llevar el pelo demasiado corto. Y la tradición indica que ningún quichua puede casarse con una persona de otra nacionalidad, regla que no respetan hace años.

Imagen

En Otavalo hay tiendas  enormes de artesanías y tejidos en la Plaza de los Ponchos y cada Sábado, a partir de las cuatro de la mañana, hay una feria de animales, dónde la gente va a comprar sus puercos, sus terneros, sus cuyes.

Imagen

Imagen

A 40 minutos de la plaza principal hay una cascada que desemboca en un río cristalino que en época de los Incas era considerado un santuario de purificación, es un lugar realmente hermoso. Yo llegué acompañada por una señora y sus dos hijas que un domingo de aburrimiento me vistieron con la ropa tradicional al verme mirar con entusiasmo las faldas y las blusas. Después de probarme dos o tres conjuntos, me invitaron a acompañarlas a la cascada. Cuando llegamos a la entrada formal del parque en dónde se encuentra, yo me quedé quieta mirando la belleza que había por todas partes: un bosque de eucaliptos, senderos de piedra, pastizales verdes, el río impecable. Caminamos un rato. Cuando la señora y sus dos hijas decidieron que por la lluvia y el horario se tenían que ir yo me tiré a nadar en el río helado y vi caer la noche junto con los murciélagos y luciérnagas. Me volví al pueblo a dedo: en una camioneta de un señor que iba a un cumpleaños familiar.

Imagen

Imagen

Yo extraño Quito y me da nostalgia dejar Ecuador. Éste país ínfimo y tan ridículamente diverso me atrapó con cizaña. “En éste país podes desayunar en el atlántico, almorzar en la sierra y cenar en la selva.” Dicen con orgullo los ecuatorianos y tienen razón. En cuestión de horas uno pasa del calor húmedo y sofocante de la amazonía, al frio extremo y la falta de aire de las sierras andinas. La gente es de lo más amable y yo hice una cantidad de amigos que no voy a poder olvidar jamás. Sigo para Colombia, voy a  cruzar la frontera sola. Sebastián se va a quedar descansando un día más. Yo me voy a subir al micro con una mezcla de entusiasmo, malhumor y melancolía, prometiéndome internamente volver y pasar una eternidad en el país más alegre, chiquito y diverso que pude imaginar.

Anuncios

Una respuesta a “Otavalo, la ciudad de artesanos quichuas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s