Tormenta

El espantapájaros
Parece humano
Cuando llueve.
                      Natsume Seibi
Ayer en la selva asomó una tormenta. Venía furiosa, con intenciones de diluvio y de llevarse todo a su paso. Yo estaba sola en el puerto. Miento. Había un hombre que pintaba  unas líneas en su canoa. Y había cachorros de perros corriendo por ahí. El río parecía bajar más rápido que lo habitual.

Qué fuerza que tiene la selva cuando quiere  llover. Miles de hojas verdes que se desprenden de los árboles y vuelan  en un vuelo gracioso y largo metros y metros por el aire. Parecen mariposas. Todo empieza a tener otra lógica. El sol se mezcla con las nubes más negras y se forman espectáculos rarísimos en el cielo.

Los animales se agitan, todo se sacude pero pareciera como que algo de fondo se silencia. Una calma detrás y a través de la tormenta. Una paz que no es la del ojo del huracán sino  la del gozoso huracán mismo. La suavidad que trae el sacudón.

Yo me metí al río y con el agua al ombligo me quedé quieta, mirando. Adentro mío festejaba la tormenta: ahí viene, ahí viene… lejos de elegir evitarla y refugiarme en un hogar seguro, quería que toda la tormenta estallara encima de mí. Apreciaba cada segundo del proceso.

Me vi embarrada, revuelta, golpeada. Me vi en la tormenta, en la tormenta enrome, en el espectáculo crudo y salvaje. Y no quería evitarlo. Sabía que todo eso iba a pasar, porque ya me había pasado  otras veces, pero esta vez no me quería salvar.

Tenía ganas del remolino, de poner ahí la carne. Creo que en algún momento de mi vida descubrí que asustarme, negar las cosas, maquillarlas, huir de ellas, era lo que me causaba el mayor sufrimiento y decidí (no desde el héroe sino desde el vencido) dejar de hacerlo. Y lo creo porque el gozo inmenso que sentí al no escaparme de la tormenta no podía responder solamente a esa situación en particular: toda ésa plenitud tenía que responder a algo íntimo y existencial de mi propia vida.

Ya no estaba la pregunta que envalentona ¿y cuál es el problema?, ¿qué es, en definitiva, lo peor que puede pasar? …ya no había nada. Solo podía ver una profunda belleza en todo el proceso y eso era todo. En algunos momentos dejaba incluso de verme a mi  ahí dentro. Era solo eso que venía y sacudía y acariciaba con toda su fuerza, dejando ver cómo al abrirle  los brazos, la tormenta se convierte en remanso.

DSC07396 (800x450)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s