Uyuni, tres días en el desierto.

ImagenHice el famoso tour de Uyuni. Lo hice decididamente porque mucha gente de confianza m había dicho que los lugares a los que te llevan son impagables. Yo tenía mis dudas: me imaginaba tres días arriba de una mini-van al ritmo turístico (léase me bajo: saco una foto, me subo, me bajo: saco tres fotos… ad-infinitum). Por suerte el esquema era distinto: había un chofer guía opuesto a esos que hablan con una tonadita como si fueran robots y que quieren garantizar la diversión de sus clientes. Todo lo contrario, el buen hombre que nos llevó escatimó -un poco más de lo normal- la simpatía, contestó solo las preguntas que consideró relevantes y en varios momentos sospechamos todos que sintió severos deseos de asesinarnos.

ImagenY el recorrido no se hacía en una mini-van repleta de gente, sino en una 4 x 4 con 6 personas.  En la camioneta íbamos entonces el guía asesino serial, mi amiga Brenda , una amiga de ella, yo, dos  españoles  y Guille. A éste último me lo van a escuchar nombrar en varios posts siguientes y espero que por abril o mayo me vea en la situación de nombrarlo aun muchísimo más.Imagen

Salimos una mañana de la ciudad y nos fuimos directo al cementerio de trenes: un lugar lleno locomotoras del 1500 en el medio del desierto.

Imagen

Imagen

Ahí conocí dos chicos que viven en Uyuni y van a jugar entre los trenes: trepan, bajan, suben, investigan… me llevaron a conocer sus recovecos preferidos. Me divertí mucho con ellos, me abstrajeron de la orgía turístico- fotográfica que se sucedía alrededor. Un rato después subimos nuevamente a la camioneta y nos fuimos al esperado Salar de Uyuni.ImagenBueno.. qué decirles, cómo negar la magnificencia de un desierto de sal contorneado por el cielo y la Cordillera de los Andes. Fue maravilloso, almorzamos ahí arriba de la sal pura y después de un rato seguimos viaje. No sé por qué razón los salares tienen la capacidad de agotarlo a uno. La sensación es la misma que uno tiene después de un día largo de playa pero elevada a la décima potencia. Nos desmayamos en la camioneta. Alguien bromeó insinuando que el chofer había puesto veneno en nuestros almuerzos y que ésa era la razón de que todos cabeceáramos  en la 4 x 4. ImagenViajamos  horas. En un momento paramos en un pueblo, compramos comida, trepamos una catedral y descansamos un poco. Yo me preguntaba si todos los días siguientes se iban a  tratar de pasar 5 horas sobre ruedas. Llegamos ya al anoche al pueblo dónde hicimos noche: 15 casas en medio del desierto. Tan árido, tan ventoso, tan desolado que reiteradas veces se nos aparecía el interrogante de  cómo hacía la gente para vivir ahí… en qué consistirían sus rutinas, cómo sería la forma de pensar de una persona que habita un lugar sin tiempo.Imagen

ImagenSalimos a pasear todos cubiertos por ponchos y pashminas, vimos a las vicuñas irse antes del atardecer. Por la noche cenamos y después de eso mi amiga Brenda y yo tuvimos una larga charla. Nos pasa cada tanto que se plantean situaciones cruciales en las que tenemos la oportunidad de crecer en el vínculo, profundizar o fingir ignorancia y sortear las dificultades como se pueda. Ésta última no parece ser una opción. Las dos valoramos la amistad que tenemos principalmente por la falta de caretas que hay, pero asimismo toda la desnudez siendo ambas tan distintas a veces nos lleva a tener que hablar algunas cosas que nos gustaría que se dieran por hecho.  Es siempre todo un movimiento para ambas que se plantee una situación así, cuesta ponerle el cuerpo. Lo bueno es que está siempre la claridad de que es el afecto y la valorización del vínculo lo que nos lleva a atravesar todo lo que haya que atravesar. Al día siguiente algo había aflojado y eso nos vino bien a las dos porque todavía estábamos tramitando todo el agite emocional del día anterior.Nos despertamos temprano y nos fuimos a un valle de formaciones rocosas impensadas. Con Bren elegimos unas piedras y nos sentamos a meditar. El lugar era alucinante, rojizo, surreal.

ImagenDespués de eso pasamos el día yendo desierto a través para arribar a distintas lagunas que espejaban montañas. Los colores, las texturas, la intensidad del viento: todo es inexplicable. Vayan. Es todo lo que les puedo decir. Merece absolutamente  la pena.

ImagenLa segunda noche la pasamos frente a la Laguna Colorada, si, una laguna roja repleta de flamencos. Dicen, en realidad, que solo se pone roja cuando hay viento: tuvimos suerte, nos tocó uno que te volaba al caminar. Yo estaba desabrigada pero me quedé cerca de la alguna, de pecho al viento hasta que el sol se terminó de poner. Guille daba vueltas por ahí y a mí me daba alegría verlo, de vez en cuándo iba corriendo a abrazarlo y él se largaba a reír. Nos cubríamos del viento sin éxito mientras yo me preguntaba para mis adentros que cosa loca me pasaba con él.

Imagen

Imagen

Ésa noche fue la peor de mi vida. Me había agarrado angina por tanto pechito al viento y en nuestra habitación – en la que dormíamos todos- hacía mucho frío. Guille y yo habíamos juntado  las camas pero acabamos sin dormir abrazados porque él estaba con un principio de insomnio que lo llevó a moverse horas y horas hasta que a las dos de la mañana decidió despertarme. Tengo sed Emi, mucha sed. Tenés agua? Con ésa pregunta acabó con el pacto que teníamos Morfeo y yo de hacerme olvidar la angina. Y no sólo eso, me hizo descubrir que no tenía agua y que yo también tenía una sed de morirme. Con dolor de garganta, frío y sed no pude dormirme hasta las tres (hora en la que nos tuvimos que despertar para ir a ver el amanecer a los Geisers).

ImagenWOW, los Geisers. Chau. Cuando la gente hablaba de Geisers pecando de ignorante me preguntaba qué pájaro sería ése. Y me imaginaba lo bellos que debían ser para que todos tuvieran tanta ansiedad por verlos. Mis pájaros  resultaron ser nacientes termales que entran en erupción lanzando vapor a presión en el aire desde la tierra. Agua con lodo burbujeante en el suelo.  Vapor elevándose hasta el cielo. Ciencia ficción. Era mentira, parecía otro planeta. Nos quedamos sin palabras, los recorrimos, sacamos fotos, grabamos videos, nos miramos con cara de esto no está pasando.

Imagen

Imagen

Imagen

Después nos fuimos a  bañar a unas aguas termales alucinantes. Chapoteamos en pozos naturales de aguas de 35 grados de temperatura contrastando con los 5 o 6 grados de sensación térmica ambiental. Guille sacó fotos, yo me metí al agua a pesar de la angina, Bren se fue a jugar con unos perros que encontró (ella siempre encuentra perros hermosos que la siguen a todas partes).

Imagen

Más tarde fuimos a dejar a los españoles a la frontera con Chile y emprendimos el regreso. Antes de eso fuimos, claro, a la línea divisoria de Chile y Bolivia y saltamos de un lugar al otro “ahora estoy en Chile, ahora en Bolivia, ahora en Chile”… bueno en realidad creo que eso lo hice yo sola.

Imagen

Ocho horas de regreso hasta la ciudad de Uyuni. Dormimos gran parte de las ocho. Las otras escuchamos un compilado de hits latinos de amor que el chofer no se cansó de repetir, charlamos de cualquier cosa. Yo encontré todas las maneras posibles de recostarme sobre el hombro, las rodillas y, la cabeza de Guille.

Llegamos a Uyuni mugrosos. Mugrosos todos: mugrosos de sal, de barro, de polvo. El pelo todo enmarañado por el viento. Yo medio enferma. Pagamos diez bolivianos por una ducha pública y ésa noche partimos hacia Sucre en un bus que demoró toda la noche.

Imagen

2 Respuestas a “Uyuni, tres días en el desierto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s