San Francisco, un pueblo selva arriba.

ImagenSan Francisco es un pueblo diminuto a tres horas de ripio, selva arriba. La ruta repleta de curvas que lleva hacia él atraviesa Las Yungas. Cuando llueve se vuelve extremadamente peligrosa por lo que no circulan los vehículos.  Si estás arriba en el pueblo  y querés bajar tenés que esperar a que pare de llover. Si estas abajo en la cuidad y querés subir también tenés que esperar. De lo contrario se puede derrumbar un pedazo de montaña.

ImagenHay un colectivo diario que sube a las 8.30 de la mañana y que baja a las 17 hs. Es un micro antiguo, al que un poco le cuesta subir, y que va siempre repleto de mercaderías que los pueblerinos bajan a comparar a Libertador. Bolsas de harina, cajones de tomates, kilos y kilos de papas, galletas en paquetes coloridos, ropa, objetos para la casa. Llevan también en ocasiones materiales para la construcción: chapas enormes, caños y demás.

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No haya señal de celular en San Francisco, en cambio hay un solo teléfono en todo el pueblo. Está dentro de una casa y el dueño lo deja usar a cambio de algunas monedas.

El pueblo queda, literalmente, en medio de la selva. Está rodeado de cascadas, ríos y aguas termales. Los pueblerinos crían vacas, burros.

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ImagenUn lunes a las 6 de la mañana desperté para ir a San Francisco. Me tomé un remis compartido desde Calilegua a Libertador y como llegué temprano le pregunté a alguien dónde podía ir a desayunar. Me recomendó un mercado frente a la estación que aparece ahí tres veces por semana y que resultó ser mucho  más de lo que estaba buscando: comida rica y barata, colores, aromas, canciones, movimiento. Comprendí mejor la vida de Libertador San Martin tras desayunar en su mercado.Imagen

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A las 8:30 subí al micro y a las 9:45 ya estaba toda la mercadería cargada como para comenzar la larga travesía selva arriba. Llegamos al mediodía y fui directo a buscar un lugar dónde hospedarme.

ImagenDe alguna manera terminé durmiendo en un cuarto de la casa de la fundadora del pueblo. Doña Gillermina. Cuando abrió la reja descubrí en su mirada algo que me despertó, a la vez,  la mayor ternura y el mayor respeto.

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Sus ancestros son los originarios que escaparon de la colonización. Se escondieron en la selva y lograron sobrevivir… más adelante las generaciones venideras fueron echadas sucesivamente de los lugares a dónde llevaban a pastar a sus  animales. La  esclavitud estaba a la orden del día así como la necesidad de la liberación de la gente originaria. Antes de que saliera la ley de respeto a los nativos Doña Gillermina y su grupo ya se habían escapado de sus victimarios y tenían la necesidad de habitar un pedazo de tierra donde pudieran formar y cuidar a su población.

Una noche me invitó a matear para contarme con más detalles la historia del pueblo que ella levantó y para mostrarme los vídeos de las inauguraciones de la escuela, de la bomba de agua, de la central eléctrica, del comedor y el hospital público, del torneo de fútbol… de todas ésas cosas fundamentales que hacen a un pueblo y que ella se encargó de materializar a fuerza de perseverancia y trabajo.

ImagenYo soy hija de esclavos. Tardamos muchos años en liberarnos de la esclavitud. Ésos yankees  nos tenían a nosotros… bueno, mejor no te digo como nos tenían. (…) Pero yo conocía éstas tierras y les dije a todos que viniéramos a fundar un pueblo. (…) Todo lo hicimos trabajando. Nadie nos ayudó al principio. Hicimos las calles y las casas. Algunos no creían que fuera posible. Pero acá está. (…) Nosotros nos escondíamos para darle clase a los chicos entre los arbustos, pero en una fecha patria izamos la bandera. ¡Nos descubrieron por la bandera! Nos iban a reventar, pero yo me quedé ahí parada frente al mástil, “¡Matenmé si quieren!” Les gritaba…  “¡yo quiero a morir haciendo patria!”  Estos son algunos fragmentos de la charla que tuvimos… algunos de los que me quedaron circulando en la cabeza cuando me fui a dormir ésa noche y todo el día y la semana siguiente.

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Guillermina afirmó, varias veces, que un pueblo se levanta entre todos. Que el egoísmo y la flojera tienen que quedar atrás. Que  los ancestros están ahí, guiando y apoyando al pueblo. Que hay que ser respetuoso con la tierra y que sobre todo, hay que hacer.Una mujer tiene que aprender a hacer las cosas. Yo soy albañil. Levanté casas. También cocino, plancho, lavo. Cocino un guiso en 30 minutos… ¡servido y todo, eh! …. A mí no me gusta cocinar, por eso aprendí a hacerlo rápido. Le pongo una piedra a la olla para que hierva mejor… Yo le voy a enseñar a cantar coplas.

Nos abrazamos fuertísimo cuando me despedí. Le dije que había conseguido una camioneta que me baje. Ella se lamentó porque ni siquiera llegamos a cantar las coplas. Sentada en su silla inclinó un poco la cabeza hacia el suelo e hizo un gesto con la boca, como si fuera un pucherito. Yo me quedé ahí quita mirándola. Le agradecí ifinitamente todo. Le agradecí que sea una encarnación tan viva de la vida. Toda su cosecha y los frutos que da.

La miraba a ella pero no veía solo a una mujer, veía también un pueblo, un respeto por los ancestros, por  la tierra. Veía un ejemplo de vivir. Esos que no son conceptos, sino pura carne.  Le prometí volver aunque me lleve un tiempo. Me dijo que me iba a estar esperando siempre y le regaló una bendición a mi camino.

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