IV. Estar en casa, lejos de casa.

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Pasé unos días maravillosos en  la casa de Valentina, me recibió al volver de La Quebrada a Las Yungas en su hermosa casa en Calilegua.

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El techo  está cubierto por  ramas de enormes mangos, vive con su marido y sus dos hijos: Lilén y Carlitos. Me dijo que por la noche el jardín se llena de tucanes que van a dormir,  yo vi que es recorrido por Camilo, el perro más peludo de la historia que desde que me conoció se dedicó a caminar detrás de mí.

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Carlitos me cedió su cama para dormir y Lilén duerme a mi lado en un colchón en el piso, aunque insistí no me dejó cambiarle el colchón por la cama.

Valentina me cuidó como si fuera una hija: me acompañó, cocinó comida vegetariana a la par que hacían asado para ellos, me escuchó, me pidió que me cuidara, que por favor me cuidara. Hizo que sacara la ropa sucia de mi mochila para lavarla. Amanecí cada mañana con mi mate listo y un abundante desayudo que Valentina preparaba al  escucharme despertar.

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Fue hermoso quedarme ahí con ellos, ir a Las Yungas, a la cuidad de al lado, compartir ratos.

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Lilén se convirtió en una gran amiga. Me llevó a la terminal junto con Fernando. Me despidieron entre abrazos.

Llegué a la terminal de San Salvador a eso de las 21.30,  me paso a buscar Carlitos,un amigo que hice selva arriba (si, tocayo de mi hermano caliguelense). Voy a pasar la noche en su casa. El vive junto a su familia en una casa alucinante, con puertas redondas y objetos de todas partes del mundo. En frente hay  una prisión. Me contó muchas historias de los presos. Cenamos con sus papás y  nos fuimos a acostar: nos esperaba al día siguiente una larga travesía.

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Agarramos el auto con la intensión de ir hacia Humahuaca parando en el camino. Desviándonos todo lo que quisiéramos, trepando cuanta montaña nos diera la gana. Así fue como llegamos a Salinas Grandes, frenamos en el meridiano de Capricornio, dormimos en una plaza en Tilcara, recorrimos Purmamarca.

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A la noche fuimos llegando a Humahuaca, escuchando   (cantando y bailando) música tan variada como bizarra. Nos reímos a carcajadas.

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Una vez en el pueblo, algo más grande que los otros, pero igualmente turístico e invadido, no nos quisimos despedir. Yo tenía una cita  con Brenda, amiga, compañera de mi vida, para compartir unos días de viaje.

Me sentí rara cuando Carlitos se fue… rara por estar en Humahuca, tan rodeada de turistas, tan próxima a dejar el país. Ya se empezaba a sentir la altura: el frío y la falta de oxígeno. Extrañaba San Francisco, Calilegua, Libertador… a toda la gente que me había cruzado en el camino. Ésa forma de viajar que es estar en casa, lejos de casa.  Compartiendo con personas que quedarán para siempre en el corazón.Image

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