I. La ruta no turística de Jujuy

DSC00113 (2)

Es la primera vez que me pasa que al intentar contar los días vividos siento que todo lo que me pasó es relevante. Que cada relato merece lujo de detalles. Que cada persona que encontré fue fundamental para la experiencia que transito en este lugar. Estoy hace cinco días de viaje y siento como si hubiera pasado un mes.  No paro de escribir y cada vez me faltan más cosas por contar. Son las dos de la mañana de un lunes y me decido a publicar algo. Una parte. Me decido a entregar en fascículos  las primeras hojas del cuaderno del viaje que recién empezó.

I. La ruta no turística de Jujuy.

II. Oh! La Moneda! (y fragmentos de la ruta turística de Jujuy).

III. Un paseo por San Salvador.

IV. Vivir en casa, lejos de casa.

Estoy ansiosa por llegar a la parte en la que les cuento cómo conocí a mi mamá postiza, que me invitó a vivir a su casa (en dónde estoy ahora)… por contarles cómo son los días por acá, por la amistad que entablé con Lilén, su hija. Por los paseos que hacemos con ella y Fernando, un chico que conocí en San Salvador.

Pero bueno… por algo hay que empezar… elijo, esta vez, el principio:

I. La  Ruta  No Turística de Jujuy.

DSC00138

Yo perfilo para la selva antes de ir a Purmamarca y llegar a mi cita en La Quiaca. Me voy a dónde por alguna razón no va la gente. Llego a San Salvador de Jujuy a las 8.30 de la mañana, enseguida consigo un micro que me lleve a Libertador San Martín y dos horas y media después llego. Camino por la cuidad sin encontrar lo que buscaba: Me encuentro con una ciudad llena de hipermercados, una avenida súper transitada, calles de tierra y, al no haber turistas,  hoteles dónde hospedarme que  “también se pueden alquilar por hora”….mmmm me parece que no es lo que estoy buscando, sin mencionar que había muchos grupos de pibes en la calle tomando a las diez y pico de la mañana.  Desde ahí sale el micro que te lleva, a las 8 de la mañana  al parque nacional. Ya era tarde, tenía que hacer noche y partir al día siguiente, pero no me quería quedar ahí.

Por esas casualidades de la vida terminé hablando con dos mujeres  que tas escuchar mi necesidad de naturaleza y tranquilidad me indican un lugar para tomarme un micro a Calilegua, un pueblo en el que “no hay casi nada” y desde el que no sale el micro hasta el parque nacional. Sin dudarlo me fui. El “no hay casi nada” me llamaba mucho la atención… después me las ingeniaría para llegar al parque.

DSC00110

Calilegua, la amabilidad de la gente.

Llegué al pueblito, no había nadie en la calle, la temperatura rondaba los 43 grados, me hospedé en  El Jardín Colonial, un lugar hermoso atendido por un matrimonio adorable que me hizo precio tras escuchar que viajo sola, que viajo largo y que escribo al andar.  Salí a caminar. Parecía un pueblo fantasma, no había nadie, pero nadie en la calle. Todos me miraban extrañados desde las galerías de las casas, soy la única turista en el pueblo. Camino por las calles de tierra y ladrillos mirando las casitas de madera improvisadas y las de estilo colonial construidas alrededor de 1948. Hay mucho verde, árboles que arrojan mangos. Las montañas contrastan con el cielo celeste, detrás del pueblo. Alguna mariposa se atreve a sobrevolar el mediodía calurosísimo de Calilegua. Nadie anda en la calle salvo  Don Ambrosio y yo.

Imagen

Don Ambrosio recorría el pueblo en su silla de ruedas bajo el sol más ardiente del medio día. La primera vez que lo vi estaba en el pórtico de una casa hablando con una mujer que se abanicaba apoyada en la puerta. Nos saludamos y al rato cuando nos volvimos a cruzar en otra parte del pueblo, nos pusimos a hablar. Hablamos del calor, del pueblo, de la alegría. Me contó la historia de su vida y me hizo entender, casi sin querer, que  hay magia en este pueblo y mucho tiene que ver con amabilidad de su gente.

DSC00071

Un rato más tarde encontré al heladero del pueblo que se estacionó frente a una casa con una galería hermosísima cubierta de mangos. Compré mi helado y me estaba por ir cuando escucho que me llaman desde la galería de la casa. Un hombre sale a la vereda y me invita a pasar. La familia te invita a compartir un rato. Sin dudarlo me senté a la mesa con ellos. Conversamos horas. Comí el pan dulce más delicioso de la historia, hecho por la abuela en un horno de barro. El abuelo me contó con lujo de detalles los mitos del pueblo. Hablamos sobre la empresa Ledesma, cuasi propietaria de estas tierras, que tiene empleados a mil habitantes.  Más tarde les dije que me iba porque quería ir a la pileta gratuita y pública de los Tupac Amaru y ellos decidieron acompañarme. Le enseñé a nadar a la hija. Cuando ya estaba anocheciendo nos despedimos. Yo me fui con el corazón desbordante de alegría por haber pasado ésa tarde con ellos.

DSC00143

 

La Selva

DSC00171

No hay forma de llegar a la selva (área protegida bajo el nombre de Parque Nacional Calilegua) desde el pueblo, un remis puede llegar a salir $150, para ir en micro es necesario volver a Libertador. ¿Por qué no vas a la oficina de los  guarda parques y les preguntas si mañana no te pueden subir ellos?, hay uno que vive acá.

Así hice, fui a la oficina, me presenté, me dieron agua fresca, les expliqué y así nomás tenía una cita con ellos a las 7 am del día siguiente para subir al parque.

Ésa noche el cielo se deshizo y al otro día amanecí a las seis bajo un cielo gris. Me preparé, le dejé la mochila grande a Chris, el dueño del Jardín Colonial, y me fui al encuentro de Nelson, mi futuro amigo guarda parques. Subimos en camioneta, vimos a la policía arrojando residuos ilegalmente en la entrada del parque, compramos bizcochos y cuando llegamos  a la casa de los guarda parques,al pie de la selva,  Nelson preparó unos mates y nos pusimos a desayunar.

Una hora más tarde salimos, machete en mano, a hacer una caminata de 20 kilómetros, selva adentro. Llovía, por lo que todo el verde estaba más verde, el aire se había vuelto fresco y con olor a tierra. Fue un día alucinante. Nelson me enseño sobre árboles y especies de pájaros. Se rió conmigo cuando antes de cortar de un machetazo las ramas para abrirnos paso yo agarraba sus hojas y les decía “Perdón, plantita, perdón.”

DSC00307

A la tarde volvimos al pueblo y Nelson me invitó a quedarme en su casa con sus hijas. Yo tenía planeado ir a Purmamarca ésa noche por lo que no supe que hacer y tiré la moneda.

Anuncios

2 Respuestas a “I. La ruta no turística de Jujuy

  1. Emi te felicito muy bueno tus comentarios sobre calilegua me gusto mucho , suerte entu travesia y ya sabes en calilegua tenes un amigo ; atte. Nelson

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s