Blog saliendo de hibernación.

Buenas noches queridos lectores de Algún Lugar Andando. Aquí estoy, otra vez. Hace unos meses no escribo en el blog, porque durante un tiempo no estuve de viaje, porque me costó acostumbrarme a estar otra vez en la ciudad. Porque sentía mucho wanderlusty entrar al blog empeoraba las cosas.  Sin embargo estuve en contacto con muchos de ustedes, gracias por escribirme y por hacerme viajar con la mente al responder sus e-mails.
Reaparezco entonces, después de algún tiempo, para escribir sobre un mini viaje que logró calmar un poco mis ganas de hacer la mochila y salir a andar.
La reinserción de uno mismo en esa vida que se dejó en pausa en el momento de viajar demanda bastante energía y algo de astucia para no rendirse en el intento. Les cuento que durante estos meses de ausencia me dediqué a reacostumbrarme a comer vegetales crudos, a aprender básicamente que una casa alpina no es una montaña y que no hay monos detrás de los árboles del rosedal. Si, el jet-lag de regreso a América Latina me pegó fuerte, vino con delirios incluidos… esperaba -no sé por qué razón- encontrar acá lo mismo que se me presentaba allá a toda hora.
Hice teatro del que a mí me gusta hacer, ése que fue motivo de regreso, junto a mis 20 compañeros de elenco. Varios meses hicimos la obra No Más Zzzzs en un galpón de Villa Crespo. Otra vez nos entregamos a la libertad de jugar el juego erótico, político, revolucionario y alucinante que nos hace vivenciar esa sensación tan singular… ésa, tan parecida a la de viajar a un mundo diferente, fascinante y peligroso.
Siempre fui anti-imperialista, para gloria de tu gloria.
Siempre fui anti-imperialista, para gloria de tu gloria.
¡Revolución socialista, será ahora tu historia…!
Guarda la Negra…”

(Cántese con el ritmo de Guantanamera)

 

Y entre todo eso, tardé unos meses en poder volver a alquilar un departamento en la ciudad porteña. Por lo que fui hospedada en el departamento de mi amiga Brenda. Fue como hacer CouchSurfing en la propia ciudad. Solo que en lugar de surfear su sillón, surfee su cama matrimonial (Que tiene un colchón hecho de lavanda!).
Brenda y yo, cruzando el Rio Quilpo,  allá por el año 2009.
La cuestión es que después de  casi cuatro meses, mi vida acá ya se había acomodado un poco y todo el cuerpo me empezó a pedir que armara otra vez la  mochila para irme, irme  cualquier lado, a donde pudiera, lejos de Buenos Aires,  como pudiera hacerlo. Pensé en ir a Córdoba y descubrí que los precios de los pasajes en micro habían aumentado considerablemente desde la última vez que fui. Fue entonces cuando empecé a imaginar otras posibilidades de viajar… aprendí a hacer dedo, el convencional,  y otro tipo de dedo…  virtualmente planificado. En el post que sigue les contaré ambas experiencias.
Los saluda entonces el blog que sale de su cueva tras unos meses de hibernación. 
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