De regraso a casa

Me tomé dos aviones y un barco para volver a casa. Volví a la isla en dónde podría vivir siempre. Nusa Lembongan me recibió otra vez con lluvia, con un mar agitado que me salpico durante todo el trayecto en bote.
Qué alegría volver. Apenas bajo del bote comienzo a caminar bajo la lluvia por la callecita irregular que bordea el mar  en dirección la guest house de mis amigos, donde voy a quedarme.

Mi amiguito Made me ve de lejos y asumiendo que soy una turista más recién llegada a la isla me pasa la mirada por arriba continuando enseguida con su actividad. Un segundo después hace una pausa y riéndose  gira hacia mí a toda velocidad: ¡Volviste! Otra vez, ¡volviste!
Nos abrazamos fuertísimo y le pregunté si mi habitación estaba disponible.
Siempre, me contestó. Fuimos hasta la habitación y mientras yo desarmaba –una vez más –  la mochila, él se sentó en la silla de madera  frente a una de las ventanas del cuarto y me dijo que tenía una mala noticia para darme.

Se rompió el puente. No hay forma de cruzar a la otra isla con moto. Para ir a surfear a Ceningan vas a tener que tomarte un bote y pedirle a Lagir que te pase a buscar por el puente y te lleve hasta el punto. O si querés  te puedo prestar mi moto, ¿sabés manejar con una sola mano? Porque no tiene porta tablas.


Se  rompió el puente que unía a Ceningan y Lembongan una noche de fuertísimo viento y van a tardar un año en arreglarlo. La gente que vive en Ceningan y trabaja en Lembongan tiene que tener dos motos, una de cada lado del puente y tiene que tomarse un bote cada vez que necesitan atravesar el mar.  Los vecinos están haciendo provisoriamente un puente de bambú para que al menos se pueda cruzar caminando.
Tenía pensado ir a la casa de Lagir, esconderme en algún lugar  y asustarlo, hacer alguna payasada para reírnos.  No sabía que había vuelto. La última vez que nos vimos me despidió con lágrimas en los ojos, como si fuera para siempre. Pensamos que íbamos a pasar años sin vernos, años sin volver surfear juntos, sin tomar agua de coco, sin salir a cenar.

Sin puente mi plan de sorprenderlo se vio frustrado. Le mandé un mensaje de texto. Me respondió enseguida diciendo que no me creía, que quién era, que sabía que era una broma. Le dije que nos encontráramos en el Warung (puestito al costado de la calle dónde venden golosinas y algunas comidas típicas) de siempre para almorzar Gado Gado en media hora.



No me contestó. Pensé que tal vez no iría, creyendo que era uno de sus amigos bromistas. Pero fue, desconfiado, fue. Cuando me vio se largó a reír, me preguntó cuándo había llegado, que por qué no le había avisado antes. Fuimos a su casa a visitar a sus padres, después a la del abuelo a tomar agua de coco.

Llegué unos días antes del año nuevo Balinés por lo que se estaban llevando a cabo muchas ceremonias. Lagir me invitó a la del día siguiente. Me dijo que su madre me vestiría con la ropa apropiada. Se trata de un ritual para los antepasados fallecidos.  Todo el pueblo participa de la ceremonia, cada familia se reúne y cargando altares con figuras que representan a los dioses y a sus familiares, hacen una procesión que va a tres puntos diferentes de la isla, rezando en cada uno de ellos.  El primero es en un templo frente a la playa. Fue alucinante rezar ahí con ellos. La mamá de Lagir me preparó una ofrenda de flores e incienso para que rezara y una chica que estaba a mi lado me enseñó a hacerlo. Qué pétalos tenía que agarrar primero, en qué me tenía que concentrar, cuándo tenía que prender el incienso.

El segundo punto fue frente al puente roto, la mamá de Lagir me llevó de la mano para que no me perdiera entre la gente. Una vez ahí nos hizo compartir la ofrenda a Lagir y a mí. Una vecina le preguntó si su hijo  y yo íbamos a casarnos. Ojala respondió y me abrazo fuerte.

Una vez terminado el rezo, fuimos a un templo montaña arriba. Ya era de noche.

Van todas las familias en fila de un punto a otro, cada una tiene un número para organizarse. La ceremonia dura horas.

A veces los espíritus vienen. Me dijo Lagir cuando vimos pasar corriendo a una chica que lloraba desconsoladamente y hacía un movimiento suave y circular con las manos arriba de su cabeza, entonces la gente se comporta extraño. Gritan, como ella, lloran. A veces bailan. Algunos se clavan cuchillos, pero como tiene el espíritu adentro no les pasa nada, el cuchillo se dobla.


Ceremonia de cremación.

Tres días más tarde, el anterior al año nuevo Balinés, fuimos la ceremonia dónde se quemaron los muñecos diabólicos que los chicos del pueblo habían reparado durante meses. Se dividen en grupos para hacerlos y compiten entre ellos. Hasta se hacen remeras con el nombre del grupo. Es un trabajo en equipo que realizan muy cuidadosa y apasionadamente.

En la noche de la ceremonia cada equipo carga su muñeco y bailando al ritmo de la música ceremonial, que toca una banda que  va detrás, los pasean por toda la isla. El ritual es para limpiar el pueblo de malos espíritus,  van atrapándolos en los horrorosos muñecos y una vez atrapados todos, los queman.
Eso garantiza que durante un año la isla va a estar libre de ellos. Cada familia a su vez, más temprano ése mismo día hace un ritual en la casa para atrapar a los malos espíritus de su hogar y ponerlos en la calle, para que los recojan los horribles muñecos al pasar.
Bali está lleno de Dioses. Buenos y  malos. ¿Quién sabe? Me decía Lagir cada vez que una cosa inexplicable pasaba. O cuando se estaba acercando la media noche y él  comenzaba a sentirse nervioso por tener que hacer el camino de regreso a casa.
Por eso también las bellísimas ofrendas  que visten las calles de Bali cada mañana y  cada tarde. Cuidadosamente preparadas constan de arroz, pétalos e incienso dispuestos sobre un recipiente cuadrado hecho de hojas de bananero. Las mujeres se visten con los sarungs y las camisas tradicionales para ofrendar a los espíritus al comenzar y finalizar el día. Es maravilloso verlas, mujeres salidas de un cuadro, de un sueño, ofrendando en cada punto de ingreso a su hogar.

Llegaste en la época más importante para Bali. Hay muchas ceremonias en estos días. Muchos rituales de cremación y casamientos.  Vamos a ir a todos, si querés. Hay mucho para ver.

Lagir tenía razón.  Había mucho para ver en la isla de los Dioses ésta vez. Había mucho para vivir y aprender. Me enseñaron sobre hinduismo, aprendí algo de Bahasa.  Los acompañé en sus rituales y celebraciones. Recé, medité, saqué los malos espíritus de mi corazón. Teñí de flores e incienso cada día en la sagrada isla.
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