Bali

Cada vez que llego a un nuevo lugar (en especial si es un país distinto del que estaba) siento que tengo que dar un tiempo para recibirlo y ser recibida por él.
Ubud, Indonesia
No es solo ese acostumbrarme a la cultura, al ambiente, al clima, a la moneda. Es también llegar a sentirme parte del lugar en dónde estoy. Sentir que el lugar me acepta y que yo acepto el lugar.
El cambio de las pequeñas provincias de Tailandia a Bali fue enorme. Y hace algunos días que vengo tratando de surfear la ola de nuevas energías que me está atravesando.
Para empezar la gente es completamente diferente.
Llegué después de un largo día de vuelos  (con la grandiosa aerolínea Air Asia.  Pagué por un vuelo de tres horas, desde Malasia hasta Bali, 30 USD), a la noche a Bali. Estaba haciendo la fila de inmigraciones mirando la cara de pocos amigos del policía  que controlaba los papelitos dónde se supone que tenés que declarar si llevás cosas de valor, drogas o armas. Cuando llegó mi turno, después de leer atentamente mi declaración me miró muy serio y pausadamente me preguntó.
          No    ….  cigarettes?
          NO.
          No   ……      alcohol? 
          NO.
          Nooo        ……………..          DRUGS? (me lo preguntó con mucho énfasis, muy serio)
          NO!
Hizo una larga pausa, mirándome a los ojos, acercando cada vez más su cara, como desafiante.
          WHYYYY??????!!!!!
Se largó a reír y  me preguntó tres veces más por qué no cargaba ninguna de ésas cosas.
Welcome to Bali. Me dijo mientras me estaba yendo. 
Todos en Bali tienen mucho sentido del humor, les gusta reírse. Hacer chistes de doble sentido.
En Tailandia la gente es más sobria, se ríen de accidentes fortuitos: como que alguien se resbale en la calle. Pero nunca hacen chistes ambiguos o preguntan cosas para hacer una broma.  Muchas veces se sienten desconcertados cuando los forasteros bromean con ellos.  Creo que tiene  que ver con el valor que le dan a la palabra. La fuerte impronta del budismo: no se juega y no se miente al hablar.
LADYYY WAKE UP!!! THE WATERRR IS COMMINGGG!!!! …  y así nomás salvó mi cámara que dormía junto a mi en la arena.
El contacto corporal es otra de las radicales diferencias. Ya me había desacostumbrado a los abrazos, a que alguien te tome la mano. En Tailandia la gente es muy cálida pero guardan las demostraciones físicas para la intimidad. En el último tiempo de mi estadía, ya estaba acostumbrada a no tocar a las personas, a mantener el espacio vital que culturalmente requieren.
También me había desacostumbrado al chamuyo de los hombres. Pues los  tailandeses te miran a los ojos y algunos inclusive se sienten tan incómodos que ni si quiera sostienen mucho la mirada.
Templo familiar. Ubud.
Acá los hombres son más fogosos.  Y si bien no se ven demostraciones amorosas públicas, no tienen problema alguno con tocar el cuerpo del otro y el espacio vital que requieren a veces es nulo.
Estaba caminando por las calles de Ubud cuando se largó a llover torrencialmente (es época de lluvias en Indonesia), una mujer que estaba sentada elegantemente en una galería de una casa enorme, me llamó para que la acompañara con un té y esperar que la lluvia pare.
Nos quedamos charlando mucho tiempo, me contó su historia, la historia de su casa. Pertenece a una familia Real balinesa. Le dije que estaba muy interesada en el teatro Balines, prometió presentarme a sus familiares bailarines.
Terminó ofreciéndome un departamentito (tipo casa de invitados) para alquilarme en los jardines de su enorme casa. Y le pidió a uno de los chicos que trabajaba para ella que me acompañara a verlo. Seguía lloviendo torrencialmente por lo que el chico agarro un enorme paraguas que dispuso sobre nuestras cabezas y con el brazo que le quedaba disponible me envolvió, abrazándome por la cintura.
Otro día estaba en un templo en una ceremonia donde iba  ver distintos tipos de danza balinesa. Pasadas tres horas de ritual me empecé a sentir un  poco mareada por el calor, el humo de los inciensos, el agudo sonido de los instrumentos y la enorme cantidad de gente. Un hombre me vio y me preguntó si me estaba sintiendo mal. Le dije que sí. Se frotó las manos y  me empezó a hacer masajes en el cuero cabelludo y la frente. Que por cierto curaron por completo mi malestar, pero que me resultaron desconcertantes después de haber estado un mes en Tailandia, donde nadie te toca y mucho menos la cabeza que es sagrada para ellos.
El clima en ésta época del año es bastante pesado. Muy húmedo y caluroso. Llueve todos los días una hora o dos. Llueve torrencialmente y ésa lluvia se agradece con el alma, porque el calor es descomunal. Cada vez que llueve salgo al patio y me siento en el pasto, feliz de estarme refrescando.
Si hay algo que me cuesta soportar es el calor húmedo. Me hace transpirar, me adormece y siento que empiezo a pensar en cámara lenta. Me vuelvo un poco más torpe que lo habitual y me convierto en una persona completamente olvidadiza.
El primer día dejé la llave de mi habitación en la mesa del café dónde desayuné. A la noche, cuando quise entrar me di cuenta que no la tenía. Volví al café, dónde estaba la llave en el mismo lugar dónde la había dejado. Por suerte las personas acá no suelen llevarse lo que no les pertenece.
Ofrendas para los Dioses
Mi amiga brasilera, Lua, a quién conocí en la ceremonia del templo viendo danza balinesa- nos pusimos a hablar porque éramos las únicas forasteras-  me dijo que el primer mes que estuvo en Bali  se sintió completamente aletargada. Que también se olvidaba las cosas, que perdió la tarjeta de crédito tres veces, que fue  para curarse al brujo de Comer, Rezar y Amar… que no le hizo  efecto. Se terminó curando gracias a las medicinas naturales de otro brujo (de quién yo había oído hablar en el avión), que no es famoso entre los turistas pero si muy apreciado por la gente local.
Además en la Tierra de os Dioses la gente dedica mucho tiempo al ritual, a las ofrendas. Las casas tienen sus propios templos (no altares, verdaderos  templos), hay olor a incienso en todas partes y la música sagrada es la banda sonora balinesa. Hay mucha energía en movimiento en éste lugar.  Se siente en el aire lo místico del ambiente. Es una energía muy fuerte pero a veces no demasiado liviana.
Mis disculpas si parece que hablo de algo muy abstracto. Cuando digo energía me refiero a ése no se qué que hay en el aire…eso que no se puede definir muy fácilmente pero que se hace sentir de manera muy clara.
Tené cuidado con lo que deseás, me dijo el chofer del auto en el que iba hacia Ubud desde el aeropuerto. En Bali hay muchos espíritus. Buenos y malos, en equilibrio. Pensá bien, mantenete tranquila.
Al llegar supe que iba a tardar unos días en acostumbrarme a vivir con ésta fuerte electricidad que circula en el aire balinés.
Por otra parte el lugar está muy acostumbrado al turismo por lo que precios son más altos y el regateo es más difícil que en otras partes de Asia y de Indonesia. Mucha gente ofrece servicios en todas partes: taxi- taxi, masajes, cheep-cheep.  A veces es bastante insoportable.
La vegetación es tropical,  las construcciones están ornamentadas con estatuas hinduistas y tallados de madera en las puertas.
Hay hormigas en todas partes, lagartijas que dicen GEK-KOO cada vez que comen un insecto, monos al costado de la ruta.
Hay basura y suciedad. En especial en los pueblitos más chicos. La gente tira la basura en patios baldíos para quemarla de vez en cuando.  Hay ratas enormes  corriendo por las calles a la noche.
Hay mucho, mucho  tráfico. En algunos lugares riña de gallos. Y hay turistas.
Yo me vine a una playa muy chiquita para darme tiempo de acostumbrarme al poderoso, ruidoso, caluroso y místico Bali. Para hacer snorkel por tres días, escapar del calor. Tirarme en la playa a leer y escribir.
Después volveré a Ubud, el corazón místico-artístico de la isla, para adentrarme en la pintura, la danza y el  ritual.
Bali es un gran signo de interrogación para mí. Por lo pronto tengo la impresión de que tiene una cara dibujada que es un recorte de revista, fotos que inventan un paraíso vacacional: resort, compras, fiesta loca y spa.
 Y otra que se trata de plantaciones de arroz, rituales, hinduismo, ofrendas y arte para los dioses.
Otra que es un Bali místico, no del todo limpio, a veces un poco pesado, lleno de gente con un gran sentido del humor.

Veré cómo se suceden los días… qué me traerá la marea durante las próximas jornadas. Por ahora compruebo que no llueve debajo del mar J,  paso horas haciendo snorkel mientras el cielo se deshace sobre la pequeña isla.

Con todo, trato de no pasar mucho tiempo sin sacar la cabeza para visualizar la costa porque, como me dijo un buceadorespañol que me vio nadando muy alejada de la costa, “aquí te coge una corriente y en dos minutos te tira otra vez en Argentina”.

 Miro las tortugas y la colorida vida debajo de la superficie. Los arrecifes de coral me tienen completamente  hipnotizada.

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