Perdida en Bangkok, segunda parte

El departamento de mi couchsurfer es un piso 24 desde el que se puede ver gran parte de la ciudad.  Estando todavía un poco dormida le pedí indicaciones sobre dónde debía tomar el barquito que me llevaría hasta los templos que quería conocer.

Me indicó el camino desde el balcón mientras me daba una copia de las llaves del departamento.
Después de escucharlo atentamente, agarré mi mochila, el chal para cubrirme los hombros y me fui.
Otra vez las callecitas… las curvas de las callecitas, las motos,  la gente (adorable gente). Una vez en  la plataforma flotante donde para el botecito, me dispuse a esperarlo junto a una chica Thai que llevaba unos cuántos libros en la mano.
Esperamos mucho tiempo sobre la tambaleante plataforma sin ver pasar un solo barco.

“Tengo que llegar a la facultad a las 11, me voy a tomar el colectivo”, me dijo y decidí irme con ella. Su facultad queda cerca de los templos que quería conocer. Subimos al colectivo y nos sentamos sin pagar. “Este es gratis. Si tomás el que tiene aire acondicionado tenés que pagar algunos bahts”.

Me acompañó hasta la puerta del Gran Palacio. Donde caí en la trampa. En la que me dije mil veces que no iba a caer. Caí.

Una mujer que oficiaba de policía en la entrada del lugar me dijo LADY! TISHIRT. YOU NEED T-SHIRT! GO THERE!…. pero traje esto (y le mostré el chal) TSHIRRRT, me respondió… Y me puse a hacer la fila para pagar 200 bahts por el alquiler de una camisa.

Debería haber seguido caminando. No era necesario, como ya sabía. Caí inhibida por el traje de policía. El chal era suficiente.


Para entrar a un templo la ropa no debe ser muy reveladora: es decir, no se debe usar nada por encima de las rodillas y es necesario tener los hombros cubiertos. Tampoco se debe entrar calzado. Hay una especie de estantería donde se dejan los zapatos antes de entrar.

Y las mujeres nunca deben tocar a un monje.



Gran Palacio Real, Bangkok, Tailandia



Por todas partes en la ciudad se pueden ver altares decorados con telas doradas y distintos ornamentos que sostienen grandes fotografías de la realeza tailandesa. El pueblo en general siente mucho aprecio por el rey. Inclusive dentro de las casas y comercios es común ver retratos de él cuidadosamente enmarcados.

Después de haber visitado el Gran Palacio y una enorme cantidad de templos me fui a comer a un mercado ladero al río donde compré una bolsita con distintas frutas cortadas por algo de 25 bahts.

Intentando volver a Samphanthawong me perdí, como era de esperar , ya que me había pasado en día caminando sin mapa, cruzando el río unas cuántas veces para ir a conocer distintos lugares que me llamaban la atención o que me indicaba la gente local.

Terminé en algún lugar X, lleno, lleno de gente. Donde me fue muy difícil encontrar a alguien que hablara inglés. Ya cansada y necesitando llegar pronto a la terminal de trenes para comprar mi pasaje hacia Chiang Mai, me puse a buscar alguien con moto que estuviera dispuesto a llevarme… hablando mal unas pocas palabras en Thai,  diciendo repetidamente la palabra clave HUA LAMPHONG (el nombre de la terminal de trenes) y  regateando en silencio, indicando números con los dedos, logré un muy buen precio por un largo camino hasta la estación.

Abrazada a un señor tailandés que manejaba su moto lo más rápido que podía, esquivando cualquier cosa o ser vivo que se le atravesara, descubrí que estar perdida en Bangkok se había convertido en un clásico para mi.
 Clásico que resultó ser  la mejor manera de conocer la ciudad fuera de las rutas turísticas.



Gran Palacio Real, Bangkok, Tailandia
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