Bangkok

Amanece en un tren a Chiang Mai, estoy acostada en un cama rodeada por cortinas. A mis pies, una ventana que da a un amanecer húmedo y gris. Ruido de tren. Selva y tierra roja

Ya dormí unas cuántas horas. Ya fui hasta el baño, me cepillé los dietes. Y remoloneé un rato e la cama escuchando música. Ahora se está haciendo de día y quiero ver el paisaje.

Bangkok





Llegué a la casa del CouchSurfer que me recibió después de haberme tomado un tren y un subte, de haber caminado al costado de un río unos cuantos minutos, después de haberme perdido en Bangkok…

Perderse en Bangkok es una experiencia tan singular que, si me dieran a elegir, la volvería a vivir cien veces. Bueno tal vez no tanto, pero de certeza unas cuántas veces más…

Imaginen calles principales llenas de Tuk-Tuk, motos, autos con el conductor del lado inglés, gente yendo en contramano, motos andando por las veredas. Ruido y colores. Imaginen ahora callecitas que atraviesan las calles principales, como armando un reticulado en el medio de las manzanas. Callecitas muy angostas e irregulares. LLenas de cosas. De casas abiertas, de gente vendiendo comida, de motos esquivando a la gente comiendo, de cosas colgando, de pilas de ruedas, de flores y muñecos en altares rojos. Callecitas llenas de gente que te vé pasar y sonríe. Ni Jao… inclinan la cabeza y aveces juntan las manos.

Samphathawong no es un barrio turístico. Mucha de la gente que vive ahí no habla inglés pero todos están dispuestos a ayudarte. Te indican cosas… no sabés bien qué te están diciendo, o qué entendieron de lo que les quisiste decir. No importa. Seguís caminando, cada vez más perdido.

De pronto recordás que tu couchsurfer te había dicho que el edificio donde vive es muy alto y blanco y te das cuenta que prácticamente no hay edificios en este barrio. Levantás la mirada y lo ves. A lo lejos, en esa dirección… caminás mirando para arriba por unos cuántos minutos, Varias veces volvés a pasar por donde ya habías estado. En algún momento llegás.

Felipe me recibió muy amablemente y después de acomodarme, dejar mis cosas y tomar un baño, lo acompañé a hacerce acupuntura por un ligamento que se había roto practicando Yoga. Nos quedamos largo rato charlando con la gente de ahí. Nos reímos mucho. Nunca olvidaré la cara de la gente local mientras les explicábamos qué es CouchSurfing y por qué nos conocíamos.

“¿¡ Pero cómo, estás acá sola, viajando sola!?”… “¿¡ Y a él no lo conocías y …no es peligroso!?”… después de varias explicaciones, sonrisas tímidas, el más joven de ellos terminó queriendo formar parte de CS.


 

Cena en China Town
Rompí, la verdad sea dicha, todas las reglas de oro que el médico infectólogo me OBLIGÓ a seguir (pues, de lo contrario, moriría).

Comí sentada en la vereda, comida callejera.

La mayoría de los lugares para comer en Bangkok se encuentran en la calle, verdaderos restaurantes al mejor estilo puestito. Te sentás en sillas de plástico y le hacés tu pedido a un mozo que viene vestido de rojo y lleva una gorra llena de cositas pegadas: pompones, plumitas, brillitos.

Una de las mejores comidas que probé, lejos. Impresionante de fiesta de sabores que vivió mi paladar. Picante, agridulce, especiado. Sopa de cucumelo, brotes rehogados, arroz especiado… verdaderas delicias.

Comí frutas peladas y amasadas por la mano del vendedor callejero.

Una vez que terminamos de cenar, fuimos a dar una vuelta por el ruidoso, colorido, oloroso y luminoso Barrio Chino Tailandés. No podía dejar de probar la fruta que, me habían dicho, era deliciosa, pero estaba prohibida. Prohibida en los lugares cerrados y públicos, por el olor que tiene (¿¡qué estaban pensando!?)

Tomé agua de la canilla, filtrada

Cuando llegamos al departamento de Felipe, después de haber paseado por un hermoso templo Chino y haber probado una variedad inmensa de comida en la calle, estaba sedienta. No tenía más agua embotellada pero en la casa había para tomar…. y tomé, decididamente tomé. “Es de la canilla y está filtrada…” me dijo Felipe. Allá voy… puedo asegurarles, mezclar comida picante, sopa especiada, frutas mantecosas y frutos secos da mucha, pero mucha sed.


Adivinen qué…. sigo viva. En un tren que amanece camino a Chiang Mai… Ya todo cobró un color nítido, entre vibrante y pastel. Me dispongo a dejar de escribir, mañana tal vez siga con mi segundo día en Bangkok… De los templos, el regateo y el río.

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